La era de la información ha llegado. Diferenciar el grano de la paja resulta imprescindible. Así que propongo aplicar la regla de los tres tamices de Sócrates en tu vida cotidiana. ¿No sabes de qué va? A continuación te lo cuento.

El único conocimiento verdadero es saber que no sabes nada.

Sócrates

En la antigua Grecia Sócrates era conocido por aplicar la mayéutica. Una técnica por la que el maestro lleva al alumno a descubrir conocimientos a través de preguntas en las que se confronta a sí mismo.

La regla de los tres tamices de Sócrates

Estaba Sócrates en el parque del pueblo haciendo botellón con los amigos mientras debatían sobre nimiedades acerca del devenir del ser humano. De repente llega Juanjo, uno que se había incorporado a la pandilla hacía poco y que era un bala perdida.

– ¡Sócrates! ¿Qué pasa? ¡Qué no lees mis mensajes! ¿Te has enterado del último cotilleo en el pueblo?

– ¡Ey! ¡Dichosos los ojos! La verdad es que no sé de qué me hablas. Ya sabes que no soy de mirar mucho el móvil. Pero antes de que continúes hablando, me gustaría que aplicaras la regla de los tres tamices.

La verdadera sabiduría se encuentra en reconocer la propia ignorancia.

Sócrates.

– ¿Qué dices de tres tapices?

– ¡Tapices no! Tamices. Lo expliqué hace dos semanas, pero como no vienes… Son unos filtros que recomiendo aplicar antes de contar algo a alguien. Lo denomino el test de los tres tamices. El primero es la verdad. Así que, contéstame: ¿Tienes la certeza de que lo que me vas a contar es verdad?

– ¡Hombre! Lo he recibido por whatsapp. Y además, se lo he escuchado decir a Carmen, la hija del concejal, que ya sabes que esa no se calla nada.

– Osea que no sabes si es verdad. En cualquier caso, vamos a seguir aplicando el test. El segundo filtro es sobre la bondad y responde a la pregunta: ¿Sabes con certeza que esa información que quieres contarme es algo bueno?

– ¿Bueno? ¡Qué va tío! Pero es que es muy fuerte lo que ha pasado…

– Espera -interrumpió Socrates-. Sabemos que la información que me quieres contar podría no ser cierta y además, es negativa. No sé. Veamos si pasa el tercer filtro, que es el tamiz de la utilidad. Y la cuestión que te propongo es: ¿es útil para mí la información que me quieres contar?

– ¿Útil? Si quieres vivir de la prensa amarilla sí, en otro caso…

– Entonces, si lo que quieres decirme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué deberías contármelo?

Conclusión

Llegado este punto, la pregunta es clara: ¿El bombardeo incesante de información que tenemos en nuestras vidas cumple estos tres filtros? ¿Es verdadera,  cierta o útil? Si no es así, reflexiona sobre cómo vives tu vida.

Si lo deseas, puedes formular la siguiente afirmación conmigo: “Yo, me desnudo y descubro mi ignorancia ante ti. Y en este momento, me comprometo a hacer un uso responsable de la información que consumo, provenga del medio que venga. No más intoxicación informativa.”

 


Agradecimientos a Guillermo Amor por ser fuente de inspiración.